Instinto de Protección y Conservación

Por: Efraín  Gallardo

Como seres humanos, cada uno de nosotros tenemos un instinto de conservación, que biológicamente está integrado a nosotros como un chip, y respondemos ante distintas circunstancias, ante las distintas adversidades que día a día hay que sortear en nuestro diario vivir, en nuestro diario acontecer.

Cuando son personas allegadas o con quienes establecemos vínculos muy cercanos y hay lazos muy fuertes de afecto, amor o amistad, muchas de las veces no importa el tipo de sacrificio que se tenga que hacer, para salvar la situación difícil o crítica por la que está pasando.

Como instinto de conservación, en los seres humanos, cuando estos lazos son cada vez mas fuertes, la posibilidad de que egoístamente no movamos un dedo para ayudar a alguien que está en desgracia, se reduce considerablemente a un porcentaje realmente bajo, aunque esto no quiere decir necesariamente que no habrá sus excepciones.

Las comparaciones, muchas de las veces, resultan odiosas para algunas personas, pero cuando hablamos de la especie animal, este instinto de conservación y de protección eleva su porcentaje bien podríamos decir que sin excepción, incluso si se toma en cuenta que el nivel de razonamiento del ser humano comparado con la especie animal ha sido discutido hasta en foros internacionales.

Los animales defienden a sus manadas incluyendo a sus parejas y cachorros, incluso arriesgando su propia vida, en este instinto de conservación y de protección. Muchos casos están documentados en libros e incluso en videos, lo que aun en nuestros días, no deja de sorprender a propios y extraños, pero que finalmente nos dejan un ejemplo de vida, el cual bien valdría la pena emular.

Cuando llegó a mis manos esta historia, les seré honesto, sacudió todo mi ser y tan es así que espero que al leerla tú, cumpla la misión para la cual fue escrita de manera anónima, pero no me cabe la menor duda que el propósito final se cumplirá si como ahora lo hago yo, para dejártela a ti, como un testimonio y que continúe circulando hasta concientizar a la humanidad de estos valores de conservación y protección.

Quizá para algunos pueda pasar como una historia simple, pero espero que el mensaje final toque las fibras sensibles, de quienes no solo pasaran sus ojos por las letras, sino que capten entre líneas la fuerza del contenido del escrito.

Un artículo que apareció en "Nacional Geographic" algunos años atrás nos presenta un reportaje titulado "Las alas de Dios", muy conmovedor e incluso para reflexionar.

Después de un incendio forestal en el Yellowstone Nacional Park, los guardabosques empezaron a ascender por la ladera de una montaña para medir cuanto daño había causado el fuego infernal.

Uno de los guardabosques encontró un pájaro petrificado en cenizas, esculturalmente posado en el suelo justo frente a la base de un árbol.

Un tanto mistificado por la extraña visión, movió el pájaro con una rama. Cuando levantó al pájaro del suelo, tres pequeños polluelos salieron corriendo de su escondite bajo las alas de su madre muerta.

La amorosa madre, consciente del desastre inminente, había llevado a sus hijos a la base del árbol y los había reunido bajo sus alas, sabiendo por instinto que el humo tóxico se elevaría.

Ella pudo haber volado a un lugar seguro para salvar su vida, pero rehusó abandonar a sus polluelos.

Cuando la ráfaga de fuego la sorprendió y el calor abrazó su pequeño cuerpo, la madre se mantuvo en su lugar.

Aquellos polluelos pudieron vivir, porque su madre los cubrió bajo sus alas y estuvo dispuesta a morir por ellos.

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