La Amistad y La Gratitud

Por: Efraín Gallardo

 Mucho se ha escrito en torno a  la amistad y este verdadero valor ha sido tema central de novelas, telenovelas, películas, series, poemas, cuentos, incluso dentro de   disciplinas como dibujo y pintura o escultora ha quedado inmortalizado este valor a lo largo de la historia desde que la vida es vida.

La intención de este reflexión no es utilizar frases clichés ni dar definiciones que pueden ser encontradas muy fácilmente en las redes sociales pues  con el solo nombre de amistad le dan un click en los buscadores de internet y les aparecerán, cientos, miles, millones de definiciones y textos escritos a este respecto.

La intención más bien es en esta ocasión el ser agradecido, el saber y poder agradecer a todas y cada una de las personas , que de una u otra manera aparecen en nuestras vidas cumpliendo quizá un propósito de instantes, de momentos, o quizá de forma permanente hasta el último suspiro de nuestras vidas.

De cualquier manera, lo importante no es la cantidad de amistad que alguien te puede ofrecer o que tú le puedas ofrecer sino la calidad de esta. Hay  ocasiones que por cuestiones de tiempos o distancias  a veces no es posible tener una cercanía con  personas que consideramos verdaderas amistades, pero a final de cuentas existen, allí están y en el fondo de nuestros sentimientos y corazón tienen un lugar especial.

Estoy seguro que algunas amistades se fortalecen más con el paso del tiempo e incluso otras más simplemente se van de tu vida, pero en su tiempo y momento cumplieron quizá con un propósito que a lo mejor no aprendimos a detectar.

Pero la amistad como verdadero valor no reconoce géneros, ideologías, sexos, nacionalidades u orígenes, color, raza o idioma, ni condición económica. La amistad transpasa fronteras y va mas allá de los límites quizá imaginables por algunas personas.

Incluso como parte de una fantasía de niños, en ocasiones hasta se tienen amigos imaginarios con quienes se juega y disfruta de momentos, se cumplen fantasías y sueños. Es difícil poder entrar en la mente de un niño para saber   de su estructura y      poder incluso evaluar esta “amistad” dentro de nuestra  realidad.

Este es momento para agradecer. Usted que está leyendo este escrito también puede hacerlo, por las amistades pasadas, por las que aún permanecen   en sus vidas y por las que vendrán en  un futuro. Simplemente hay que ser agradecido. Por los buenos y también porque no, por los malos momentos, porque estos nos sirvieron para valorar los buenos y nos dieron enseñanza y  aprendizaje para encontrar muchas de las veces un verdadero equilibrio en nuestras vidas.

Que en algunas otras ocasiones fueron amistades conflictivas e incluso tóxicas en nuestras vidas, pues también hay que agradecerles, porque al final de cuentas al ponerlas en una balanza esta se inclinó hacia el lado que nosotros quisimos o tuvimos oportunidad de hacerlo.

Considero que aun en los peores momentos o circustancias no muy favorables con algunas amistades,  estas nos sirvieron    para darnos cuenta quizá incluso de algunos errores de los cuales no nos habíamos percatado y nos sirvieron para encausar nuevos rumbos.

Así que a todas las amistades que   formaron, forman y formarán  parte de mi vida….GRACIAS.

Y como ya es costumbre en cada una de estas reflexiones, selecciono una historia de sabiduría que circula por el mundo sin autores   pero que aportan una gran lección de vida y nos hace reflexionar aunque sea por breves momentos   acerca de algunas circunstancias  en nuestras vidas. Hoy seleccione  dos historia que se titulan, una “Las canicas rojas” , y la otra historia  “Vaso de Leche”

LAS CANICAS ROJAS

Durante los duros años de la depresión, en un pueblo pequeño de  USA, solía parar en el almacén del Sr. Miller para comprar productos frescos de granja. En aquellos tiempos la comida y el dinero escaseaban, y el trueque era frecuente.

Un día, vi un niño pequeño, con la ropa gastada y sucia que miraba atentamente un cajón de manzanas rojas.

Mientras yo mismo admiraba las hermosas manzanas, no pude evitar escuchar la conversación entre el pequeño y el Sr. Miller.

¿Hola Barry, como estás, quieres algo?

Hola Sr. Miller, estoy bien, gracias, solo admiraba las manzanas... se ven muy bien. 

Si, son muy buenas, ¿como estas tu mamá? Bien. ¿Hay algo en que te pueda ayudar? 

No Señor. Solo admiraba las manzanas. ¿Te gustaría llevarte algunas a casa?, claro que si.

Bueno, ¿qué tienes para cambiar por ellas?

Lo único que tengo es esto, mi canica más valiosa.

¿De veras? ¿Me la dejas ver?

Barry le mostró su tesoro, pero el Sr. Miller, no se quedó muy contento. El único problema es que está es azul, y a mí me gustan las rojas, dijo.

 ¿Tienes alguna como esta, pero roja, en casa?

 No exactamente, pero tengo algo parecido.

Hagamos una cosa. Llévate esta bolsa de manzanas a casa y la próxima vez que vengas muéstrame la canica roja que tienes.

 Muchas gracias Sr. Miller. Y salió corriendo con su bolsa de manzanas rojas.

 La Sra. Miller se acercó a atenderme y con una sonrisa me dijo, hay dos niños más como él en nuestra comunidad, todos en una situación de extrema pobreza.

A Jim le encanta hacer trueque con ellos por  manzanas, tomates, o lo que sea. Cuando vuelven con las canicas rojas, él decide que en realidad no le gusta tanto el rojo, y los manda a casa con otra bolsa de comida y la promesa de traer una canica color naranja, verde o azul la próxima vez.

 Me fui del negocio sonriendo e impresionado con este hombre. Tiempo después el Sr. Miller falleció.

Por la noche fui a su velatorio acompañando a unos amigos. Al llegar, comenzamos a saludar a los familiares para dar nuestro pésame. Delante de nosotros había tres jóvenes, muy bien vestidos, parecían profesionales, saludaron a la Sra. Miller y luego se acercaron respetuosamente para despedirse del Sr. Miller.

Cuando llegó nuestro turno, la Sra. Miller con los ojos brillando, me tomó de la mano, me condujo al ataúd y me dijo: Esos tres jóvenes que se acaban de ir son los tres chicos de los cuales le hablé, me dijeron que vinieron a pagar su deuda.

A continuación la esposa levantó la mano de su esposo fallecido. Allí estaban, eran tres canicas rojas exquisitamente brillantes. El amor del Sr. Miller quedó grabado en el corazón de los tres chicos de tal manera, que jamás olvidaron su actitud y generosidad.

“No seremos recordados por nuestras palabras, sino por nuestras acciones”

VASO DE LECHE

  Un día, un muchacho pobre que vendía mercancías de puerta en puerta para pagar su escuela, encontró que sólo le quedaba una simple  moneda de diez centavos, y tenía hambre.

  Decidió que pediría comida en la próxima casa. Sin embargo, sus nervios lo traicionaron cuando una encantadora mujer joven le abrió la puerta. En lugar de comida pidió un vaso de agua. Ella vió que más bien parecía hambriento, asì que le trajo un gran vaso de leche. El lo bebió despacio, y entonces le preguntó:

¿ Cuánto le debo?  -  No me debes nada, contestó ella

ÈL dijo: Entonces, te lo agradezco de todo corazón .

 Cuando él se fue de la casa, no solo se sintió físicamente más fuerte, sino que también su fe era más fuerte.  Años después esa joven mujer enfermó gravemente. Los doctores locales estaban confundidos. Finalmente la enviaron a la gran ciudad, donde llamaron a especialistas para estudiar su rara enfermedad. Se llamó al Dr. Howard Nelly para consultarle. Vestido con su bata de doctor entró a verla. La reconoció en seguida. Regresó al cuarto de observación determinado a hacer lo mejor para salvarle la vida.

Desde ese día prestó atención especial al caso. Después de una larga lucha, ella recuperó su salud. El Dr. Kelly pidió a la oficina de administración del hospital que le enviaran la factura total de los gastos para aprobarla.

El  las revisó, escribió algo en el borde y envió la factura al cuarto de la paciente. Ella temía abrirla, porque sabía que le tomaría el resto de su vida pagar todos los gastos. Finalmente la abrió, y algo llamó su atención en el borde de la factura . Leyó estas palabras: “ Pagado por completo hace muchos años con un vaso de leche  -  ( firmado)   -   Dr. Howard Kelly ”.

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