Guillermo del Toro y la “forma” de ganar un Óscar

Por Darío Duarte

Guillermo del Toro se llevó la noche de la 90º edición de los Óscares con su nueva obra La forma del agua y no lo pudo haber hecho en mejor momento; el director está en casa dominando la cartelera y es bien recibido por un público que ha visto a sus paisanos triunfar en la Academia de Hollywood al ganarse las mejores estatuillas en los diferentes premios y festivales, tal y como vimos ahora el cuatro de marzo del presente año, cuya película se lleva cuatro de las trece nominaciones, principalmente la de Mejor Director y Película.

Para muchos fue sorpresa la elección de la Academia a Mejor Película para la cinta dirigida por el tapatío, frente a cintas con propuestas de carácter social más marcado como Tres anuncios por un crimen o Los oscuros secretos del Pentágono, por lo que iremos desglosado lo bueno y lo malo que podemos percibir en La forma del agua.

Lo primero que notamos son las referencias de sus propias películas como Cronos en la escena del lavabo, la misma figura de la creatura que nos recuerda a Abe de Hellboy o la protagonista Elisa Esposito (Sally Hawkings) que parece una versión adulta de la niña del Laberinto del fauno, al igual que el antagonista Strickland (Michael Shannon) que nos recuerda al cruel militar fascista, sin olvidar la bañera en referencia a La cumbre escarlata.



Otro punto a tratar es la sexualidad de los personajes, desde el inicio de la película en la escena de la bañera vemos que la cinta no iba a tener ningún velo en cuanto a la figura del cuerpo humano, el amigo de la protagonista se ve frustrado a en cuanto a sus preferencias sexuales dentro de una sociedad que incluso lo encasilla como “monstruo”, y al mismo tiempo en cuanto a las parejas heterosexuales vemos una insatisfacción y un deseo de controlar y dominar, la pasividad de la figura masculina en la pareja afrodescendiente sentada en el sofá dando órdenes pone en cuestión el orden patriarcal de la casa, al igual que la pareja que busca satisfacción en el objeto como lo vimos con el militar y su esposa, así como el deseo del sometimiento de la pareja.

De lo mejor en la cinta es cómo se maneja la frontera entre lo real y lo fantástico propio de las películas de Del Toro donde podemos cubrir lo más perverso de la naturaleza del ser humano dentro de un mundo de hadas tal como vimos en El laberinto del fauno, así como la constante relación del fluir del agua con la sangre presente en la mayoría de sus películas, posible referencia a los rituales del templo mayor donde se adoraba a Tláloc, dios del agua y Huitzilopochtli dios de la guerra, nos guía en este fluir de la vida y la muerte.

A partir de aquí entramos a los puntos malos. La cinta entra en el folclorismo cuando se menciona el origen de la creatura como una divinidad de un pueblo originario en Sudamérica, llevando el misticismo de América Latina a un laboratorio secreto del Gobierno de los Estados Unidos. La constante entre civilización y barbarie como vemos en la escena de la sala de cine, que sirve como método civilizador en la escena donde la criatura se encuentra adentro del teatro después de actuar de una manera salvaje, la distancia entre la periferia y el centro, muy propio del canon occidental.

Volvemos a los típicos villanos rusos de la época de la Guerra Fría y la carrera espacial, esa búsqueda por conquistar y de percibir a Estados Unidos como una tierra de oportunidades, la tragedia del científico frustrado, quien pudo ser más relevante en el contacto con la creatura, pero se queda a mitad del camino como carne de cañón sin darle fuerza.



Este punto es el más crítico; no hay que meter cosas donde no van; vemos la Industria plasmada con musicales que rememoran la época dorada de Hollywood, aunque no siempre es necesario llegar hasta ahí. El buen ritmo que llevaba la música dentro de la película, aunque a veces muy notorio, se distorsiona con la presencia de un pequeño musical con la creatura. A pesar de ser solo un instante de la película, rompe el ritmo de la trama. No me imagino el cine de Carlos Reygadas, Michel Franco o Amat Escalante en medio de un musical solo para quererse ganar el gusto de la Academia.

Guillermo se aleja de su documentación “académica” en la literatura como lo vimos en Cronos, El laberinto del fauno y La cumbre escarlata para dar una libre interpretación de la mitología de los monstruos del cine, tal como lo vimos en Titanes del Pacífico con claras referencias a Godzilla y Ultraman.

Mientras la película hace honor al Monstruo de la laguna negra, al contrario de lo que muchos piensan que es un homenaje a Chabelo y Pepito contra los monstruos, vemos a Del Toro alejarse siempre del panteón prehispánico como muchas películas mexicanas llegaron a caer (véase El Santo en la venganza de Moctezuma) y lucir su bestiario de creaturas mas cercanas a leyendas célticas, posible herencia del terror gótico de Carlos Taboada (El libro de piedra).

Los mexicanos Cuarón e Iñárritu han sabido crear la fórmula perfecta para llevarse las premiaciones de la Academia con películas como Gravedad y Birdman, que vendrían siendo el ejemplo de una tarea bien hecha con noches de desveladas para sacar el 100 en el examen, y se percibe mucho la influencia de ellos dentro de la última obra del tapatío, pero que no logran adecuarse con el estilo propio de Guillermo.  

Por fortuna Del Toro está trabajando en otros proyectos de carácter social como la desaparición de los 43 normalistas, siendo productor del documental Ayotzinapa: el paso de la tortuga, próximo a estrenarse antes de las elecciones.



No hay que malinterpretar esto como un juicio a Del Toro, ya que su labor ha sido importante dentro de la industria cinematográfica mundial como un importante exponente del género al lograr importantes trabajos con personalidades reconocidas en premios y festivales, al igual que mantiene una línea con el equipo de personas con las que trabaja; pero muchos hemos perdido el encanto por Hollywood y el sueño americano, principalmente en esta última administración de los Estados Unidos, y no creo que volvamos a recuperarlo; poco a poco las producciones nacionales han ido rescatando a su público natal, ya sea en comedias del verano (Nosotros los Nobles y No se aceptan devoluciones), de sátira política (La dictadura perfecta) o en prestigiadas obras ganadoras de festivales internacionales de cine como La jaula de oro y Heli.

Ver a nuestros directores legitimar el discurso de Hollywood sustenta el gusto del mexicano por las películas extranjeras, en especial las estadounidenses y hacernos pensar que la industria nacional no tiene fuerza frente a las colosales producciones del país vecino, sin negar que por muchos años esto fue una realidad, como en la época oscura en tiempos de Miguel de la Madrid donde la producción mexicana estuvo al borde de la extinción. Vemos en el discurso que dio Del Toro al llevarse la noche con la estatuilla a Mejor Película este punto:



“Al ir creciendo en México, fui un gran admirador de películas extranjeras desde niño, con filmes como E.T., William Wyler (Ben-Hur), Douglas Sirk (Imitación a la vida) y Frank Capra (Qué bello es vivir), y hace unas semanas Spielberg me dijo: si te encuentras ahí en el podio, recuerda que eres parte de un legado, eres parte de un mundo de cineastas”.

Los invito a visitar la génesis de las películas de Guillermo del Toro con una visión más atrevida y llena de jovialidad por conquistar el mundo, así como el trabajo previo a La forma del agua como La cumbre escarlata.

El otro protagonista de la noche de los Óscares fue la película Coco, largometraje de animación desarrollada por los estudios Pixar de la compañía Disney basada en las celebraciones del Día de Muertos, festividad importante del pueblo mexicano. Si bien la película está basada tanto en los usos y costumbres nacionales como en la cultura popular mexicana, es poca o nula la participación de algún mexicano dentro de la producción, exceptuando al estadounidense con ascendencia mexicana Adrián Molina quien no pudo estar nominado junto a Lee Unkrich y Darla K. Anderson (Toy Story 3) pero sí los acompañó al recoger la estatuilla a Mejor Película Animada.



La ausencia de los mexicanos en las nominaciones de Coco se aminoró con la  presencia de actores mexicanos involucrados en Hollywood como Salma Hayek, Eugenio Derbez, Eiza González y Gael García Bernal, quien fue parte del número musical de la ganadora a mejor canción “Recuérdame” junto a Natalia Lafourcade y Miguel Jontel Pimentel con ballet folclórico, calaveras y una lluvia de cempasúchil que inundaron el Teatro Dolby.

El que se quedó sin voz fue el productor canadiense J. Miles Dale (The Strain) cuyo micrófono fue apagado mientras introducían la música al final de la gala, el cual solo pudo agradecer brevemente por la visión de Guillermo del Toro que plasma desde su corazón, siendo el rey sin corona de la noche.

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